Hierbiado

El Jhony no era lo que se dice un tipo afortunado. Tenía un Edipo no resuelto con su santa madre, que dios la tenga en su santa gloria, que lo había llevado a la ruina. Es que a la vieja le gustaba la timba. Moneda que tenía, moneda que la apostaba a los burros. Nunca tuvieron nada y así perdieron todo. Cuando “la viejita querida” murió,  el Jhony se fue a vivir a Alta Gracia, la vida en el campo era más tranquila y barata, y seguro que iba a encontrar alguna changuita para ir tirando.

El tema es que la cosa estaba fulera para todos, así que el reciente huerfanito se las tuvo que arreglar vendiendo menta, peperina, poleo y demás hierbas a los turistas que pasaban por la ruta. Además tenía un burrito que cuando no lo utilizaba como medio de transporte, lo alquilaba a los viajeros para sacarse fotos. Típica postal cordobesa para el porteño promedio.

El Jhony no tenía suerte ni estudios pero tenía ambiciones, su mayor sueño era tener su propia fábrica de yerbas compuestas y ser la principal competidora de la CBSé. Aunque mientras tanto y para empezar se conformaba con ser proveedor de alguna ya instalada y funcionando. Además había descubierto que ahora estaba muy de moda usar estebia como endulzante, así que su próxima meta consistía en conseguirse un brote para plantar en la huertita de su casa que cuidaba con tanta devoción, sin abandonar la esperanza de ser el gurú de la yerba compuesta.

Alguno de los borrachos que se juntaba con él en el bar del pueblo le había dicho que en los negocios más que invertir mucho o estar a la última moda, era más importante estar en el momento justo. 

Y vos sabés que no estaba errado.

Una tarde volviendo de la ruta, después de una jornada muy flojita de venta, vio que en el museo del Che Guevara había un gran revuelo, un hombre había caído en un pozo que habían hecho para apuntalar una viga que se estaba viniendo abajo adentro de la casa y no podían sacarlo. Cuando fué a ver qué pasaba, se le ocurrió acercar a su burro, le ató una gruesa cuerda y tiró el otro extremo al pozo, haciendo que el animal jalara de la soga y así sacar al señor que se encontraba en el hoyo. El tema es que el tipo que rescató era un magnate italiano, dueño de una cadena de hoteles cinco estrellas, que como estaba por instalarse en Cuba, había decidido empaparse de la cultura y la historia de la isla, y aprovechando un viaje familiar había ido a conocer la casa materna del Che. Y tan agradecido estaba que prometió comprarle la primera partida de menta y hierba buena para preparar mojitos cubanos.

El resto fue solo cuestión de tiempo, con tanto amor y esperanza cuidó su huerta que las hierbas eran de las mejores del mundo. Su fama creció como un reguero de pólvora y se convirtió en el principal exportador de hierbas para abastecer a las cadenas de hoteles 5 estrellas all inclusive de la Isla. Tanta guita hizo que no solo pudo producir industrialmente estebia para proveer a las fábricas de endulzantes sin azúcar, sino que además se pudo poner su propia fábrica de yerba compuesta. 

Y así fue que el Jhony vendiendo peperina en la ruta Córdoba – Alta Gracia se convirtió en uno de los 100 hombres más ricos de la Argentina .

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One Comment on “Hierbiado”

  1. MerLivia dice:

    Bárbarísimo 🙂 es cuestión de saber estar y bancarse hasta que llegue el momento dicen, no? muy lindo blog, primera vez q paso por acá! Nos leemos ♥


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