Lo que se hereda no se hurta

Cosas que aprendí de mi santa madre y que en la puta vida hubiera creído que me iban a servir para hacer feliz a mi maridito:

– Lavar los platos, enjabonando primero todo con la esponja y recién después enjuagar las cosas.

– Armar bolsos de viaje chicos.

– Hacer ruedos y coser botones.

– Hacerle la prueba hidráulica a las bolsas del super antes de ponerlas en el basurero.

– Afeitar pullovers para sacarles las bolitas de lana.

– No mezclar la ropa blanca con la ropa de color en el lavarropas, y poner las toallas solas.

Sino fuera por el detalle de la cocina y la plancha sería una jefa de familia completita


Detrás de todo gran hombre, ¿cuántas mujeres hay?


¡No, si no te digo, yo! ¡No me dejan ser caramba!
Resulta ser que mi amado concubino tenía (cuando era soltero) y (por consiguiente ahora) tenemos una señora que viene una vez por semana a ayudarnos con las tareas de la casa, hecho que despertó, casi que te diría que la envidia de las yeguas de mis amigas, que son ellas mismas las que se ocupan de sus propias tareas domésticas. Al comienzo del concubinato le exprese a mi amado que, dado que no estoy manteniendo una fuerte actividad laboral y como aún no tenemos retoños, tranquilamente podía ocuparme sola de los quehaceres del hogar, a lo que él, como todo buen marido que se precie de tal, me dijo que no, que aproveche para descansar y que además no vamos a dejar sin trabajo a mi tocaya (porque encima la yegua se llama igual que yo, ¿podés creer vos?)
La verdad es que le dije: “Si, tenés razón mi amor” y me dispuse a dormir hasta el mediodía. Pero no todo en la vida de la que suscribe es color de rosa, esta señora no solamente me ningunea, sino que además me boicotea, como será la cosa que temo que dentro de poco atente contra mi integridad física.
Claro, es que ella, antes de mi arribo, era la mujer de la casa, porque no solo limpiaba, sino que ordenaba todo lo que andaba dando vueltas, no olvidemos que era un departamento de soltero, por lo tanto ella guardaba cada cosa de la casa y los adornos de decoración. Pero ahora soy yo la que decide donde va cada cosa guardada (más que nada porque como estoy al pedo ando guardando todo lo que encuentro desparramado) y como a pesar de haberme instalado en su casa, el amado mío quiere que sea “nuestra” casa, por lo tanto la estamos redecorando juntos, entonces hay adornos que han desaparecido y otros que han cambiado de lugar. Pero así y todo, ella se niega a respetar ese nuevo orden dispuesto por nosotros.
Así que no solo cambia de lugar el portasahumerios, cucharones, cremas, libros, CD´s y hasta los almohadones de los sillones, sino que además se niega a entender que el placard de la izquierda es mío, y por lo tanto está mi ropa colgada ahí, no da que me ande sacando las perchas y amontonando mis camisas y vestidos, para poner las camisas de él una por cada percha.
Me lo hace a propósito, no me digan que no…
Y como si este ninguneo fuera poco, deja la mampara de la bañadera de mi baño fuera de su eje, imposibilitando cerrarla, deja trabada la cerradura de la puerta ventana que da al patio y deja perdiendo agua el inodoro del baño de visitas. No rompe nada, pero yo todavía no le conozco las mañas a las cosas, entonces me quedo enajenada del odio, puteando a diestra y siniestra hasta que llega mi amado esposo de trabajar y pone la mampara en su eje, arregla el flotador del inodoro, y destraba la cerradura. Decí que este hombre es un santo, y que se ríe muchísimo de mi reacción y de la teoría que manejo. Porque para mi que ella siempre le tuvo ganas, él es un cuarentón buenmozo y aplomado (faaa! Mentira que estoy enamorada, no?) entonces creo que ella deseaba que mientras estaba de espaldas planchando las camisas (si chicas, yo no plancho!) él se acercara y la abrazara por detrás confesándole su amor y haciéndola suya ahí mismo sobre la mesa de planchar, cosa que no pasó y en cambió le instaló en la casa a una cordobesa que duerme hasta el mediodía y que le cambió las cosas de lugar.


El hombre de la casa


Ay ay ay…
¡Cómo son los hombres!
Aca entre nos, paso a contarles que el viernes pasado nos trajeron el lavarropas automático que compramos para nuestro nidito de amor, así que el sábado por la mañana nos embarcamos en el operativo de instalación de dicho artefacto maravilloso.
Y resulta que mi amado concubino, en un rapto de demostración de masculinidad, al momento de acomodar el lavarropas en el lavadero, y aduciendo que era muy pesado y que yo no tenía la fuerza suficiente como para que lo levantemos entre los dos y lo pongamos en el lugar destinado, lo levantó solito su alma.
Sin embargo y como no podría ser de otra manera, ya terminando el sábado le agarró un tremendo dolor de cintura. Doy por descontado que de más está decirles que se pasó todo el domingo en cama, dandosé con diclofenac a dos manos, literalmente porque el tema venia vía oral y en crema, la cual era untada por la que suscribe.
Digan que ya estoy enamoradisima, y que no necesito ninguna imagen de hombre fortachón que él prentendía demostrarme para revalidar nuestros votos de amor, porque la situación no terminó siendo para nada sexi.


Despilfarro de glamour


Resulta que me acabo de dar cuenta que las minas glamorosas hacen Pilates, comen Chop Suey y Sushi, y beben vino y distintas clases de te: del estilo de jazmín, rosa, amapola, etc, etc, etc…
¡TODAS COSAS QUE NO HAGO YO!
Una preguntita: al te le ponen edulcorante o lo toman amargo?