Trague con confianza, con lo caro que están los remedios

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¡Los tipos ya no saben que inventar!

Y lo peor de todo es que los señoritos después se ofenden si los tratamos de chamuyeros, pero es que a veces se les va la mano y las cosas se pasan de castaño oscuro.

Si no fijate en este grupejo de “científicos” de la Universidad Estatal de Nueva York que luego de estudiar a 293 mujeres, de las 3.400 millones de minas que hay en el mundo – imaginate lo representativa que es la muestra- llegó a la conclusión que el semen combate la depresión y te hace más inteligente.

Si chicas, como leyeron según estos tipos el tristemente célebre: “Dale nomás que yo te aviso” cuando en un acto de estrena generosidad le practicamos una fellatio a nuestro bien amado, no es una brutal demostración de egoísmo machista, sino que justamente todo lo contrario, es altruismo en su máxima expresión.

Resulta que el líquido seminal tiene cortisol, estrona y oxitocina, además contiene melatonina que es la hormona que produce el sueño y los antidepresivos naturales seratonina y tirotropina.

Así que nos venimos a desayunar que el mundo ha vivido equivocado.

Fuente:

http://conozcamasblog.wordpress.com/2012/08/29/el-semen-combate-la-depresion-femenina/


Pedilo antes que se agote

Hay un montón de cosas que yo no sé, pero si hay algo que aprendí es que en la vida de toda mujer después de un Mister Big, llega un Marck Darcy.
Todas las mujeres que conozco, que se han enamorado de un tipo mujeriego que les pintaba la historieta del solitario, que no es que no la amaba sino que como había sufrido tanto de chico, ahora solo la lastimaba porque no sabía querer de otra manera, cuando en realidad le hacia ese chamuyo porque se quería seguir acostando con todas sin ponerse de novio con ninguna, hecho que además de humillarla la llenaba de impotencia, convenciéndola que la única manera de salir de esta situación de mierda era secuestrando al pibe para cortársela y tirársela a los chanchos.
Quiero creer que es porque esta clase de seres funestos nos enseñan que el verdadero amor es otra cosa y que está muy alejado del sufrimiento como se obstinan los poetas y dramaturgos en hacernos creer, solamente porque a ellos les sirve para escribir más y mejores poemas y porque el enamorado no correspondido compra más ese tipo de cosas.
Entonces, cuando nos volvemos a enamorar buscamos y valoramos otras cosas del ser amado. Además nosotras mismas nos volvemos más realistas y prácticas, y por consiguiente nos relajamos más. Así que estamos de parabienes y la relación es mucho más madura y por lo tanto: sana.
Otra cosa que también influye es la edad en la que nos agarran estas situaciones. En mi caso particular y en el de mis amigas, estoy en condiciones de afirmar que ese punto de inflexión es a los 29 años. No sé si será complot cósmico o pura casualidad, pero las 5 mujeres que tomo como ejemplo conocieron a los que hoy son sus maridos (todas están felizmente casadas o concubinadas) un añito antes de los 30 y luego de haberse sacado de encima al comepiojo del ex, parasito mencionado unos párrafos más arriba.
Así que chiquita querida, si todavía te faltan un par de abriles relájate y gozá porque de todo se aprende en esta vida. Y si ya pasaste esa edad, bien sabés que nadie es el dueño de la verdad absoluta y que a los trucos no hay que repetirlos en la casa porque pueden fallar.

Quien la tiene más larga

Ustedes porque no saben lo complicado que es ser una. Por eso las mujeres competimos entre nosotras todo el tiempo, porque vivimos en una sociedad tan machista que si no le mostramos al mundo lo sufridas y malas que somos, seguro que nos pasan por encima.
Lo que no se gana con miedo, se consigue con lastima.
Entonces no nos queda otra que aparentar, que es uno de los mecanismos de supervivencia por excelencia de toda femina, porque bien sabemos que una tiene que ser la mejor y la más en todo lo que haga, no importa lo que sea.
Y así andamos por la vida, compitiendo por todo. Competimos por ser la más gorreada, la más explotada laboralmente y porque no, la peor amada. Nadie tiene el pelo más seco que una. Ninguna estría es más roja que la nos acaba de salir justo al lado del pupo. A nadie nunca se le quebró una uña tan corta como la que se nos acaba de quebrar antes de salir para el casamiento.
No importa cuanto se esfuercen, ninguna desgracia es más desgraciada que la que nos pasa a nosotras.
Así que no vengan a pretender coartar nuestro sufrimiento acusándonos de exageradas y teatreras, porque ustedes no saben lo duro que es ser una mujer exitosa en una sociedad tan machista como la nuestra.

Una vida de película


¿Se han dado cuenta que tengo nombre de heroína de telenovela?
Nancy Duplaa en 099 Central
Paola Krum en Montecristo
Romina Gaetani en Botineras
Y alguna más que ahora no me acuerdo, son las que han encarnado en grandes culebrones, a las protagonistas femeninas que han sido tocayas mías.
Eso si, la que suscribe no tiene nada en común con esos personajes, más que el nombre.
Para mi que mis viejos cuando me trajeron al mundo pensaron que yo sería una digna heroína de novela, por eso me pusieron ese nombre tan telenovelesco.
Lo paradójico de la situación y por más que mis viejos la hayan puesto garra, es que mi vida ha tenido situaciones que han parecido salir de un telenovela venezolana de bajo presupuesto, pero para serles sinceras, tampoco han sido tantas. Es más las cosas que me han pasado le ocurren a cualquier hija de vecina, que no por eso han sido menos dolorosas.
Todos mis ex novios me pusieron las guampas, todos los chongos que han adornado algunos instantes de mi vida me han visto como un pedazo de carne (existen chongos que no te vean como un pedazo de bofe pa´l gato?), no he cometido actos heroicos de ningún tipo como arriesgar mi vida trepando a un árbol para rescatar a un gatito, ni tengo oscuros secretos en mi familia, es más creo que el problema con mi clan es que como nos contamos todo, todos nos metemos en la vida de todos, es más bien como una novela costumbrista de esas a las que nos tiene tan acostumbrados Pol-Ka.
Ahora que escribo esto pienso que quizás el hecho de ser portadora de semejante nombre, me ha condicionado para creerme que soy la Andrea del Boca o la Grecia Colmenares de San Vicente, entonces no puede ser que no me ocurra algo que no sea digno de ser contado. Capaz que ese sea el trasfondo de la creación de esta bitácora haya por el 2007. Y no como dice una maliciosa amiga mía, que me la abrí para levantarme un tipo.
Y ya que estamos en tren de confesiones, y aunque lo que les voy a revelar no es novedad para mi circulo intimo, si es que yo me parezco a alguna protagonista de ficción es a Briggite Jones del “Diario…” homónimo y/o a Lucía Gonzáles de “Ciega a Citas”.
Las tres somos periodistas, con unos kilitos demás, mayores de 30 y solteras. Pero las semejanzas no solo se quedan ahí: al igual que ellas también soy torpe, despistada y con una tremenda bocaza sin filtro ni freno inhibitorio alguno, que me hace meter la pata más de una vez, dejándome en completo ridículo o enredada en situaciones incomodas de las cuales es muy difícil salir de una manera decorosa.
Aunque para serles sincera, a esta altura de mi vida me importa un rabanito lo que piensen de mí los demás, y más ahora habiendo encontrado un hombre que me quiere tal cual soy.
Así que por más que tenga nombre de novela, soy una antiheroína hecha y derecha.


La paja en el ojo ajeno


Me pregunto porqué si los hombres se llenan la boca diciendo que no quieren que sus mujeres se comporten como sus madres, sino como compañeras, el ideal de mujer debe cocinar, lavar, planchar y limpiar, sin mencionar aquellos que pretenden ser mantenidos por sus señoras esposas.
Voy por más: si ellos pretenden que nosotras hagamos todo esto, pero que no nos “comportemos” como sus madres ¿Lo que buscan es una especie de empleada doméstica que también le brinde servicios de meretriz, pero como no quieren pagar por esto, se casan o emparejan?
Y eso que no voy a hacer mención de esa fascinación que sienten los tipos por las mujeres de delantera imponente, ya que mis conocimientos en psicología no me alcanzan como para hacer un análisis de la identificación con el seno materno.
Esta bien, seria de necia no reconocer que las mujeres tenemos un “instinto maternal” que nos lleva a actuar como si nuestros amados fueran nuestras crías, pero chicos también reconozcan que nosotras no seríamos un pequeño pichón de Yocasta si ustedes no se comportaran como Edipo, más precisamente cuando era rey de Tebas.