El necrofílico


Hace un rato conversaba con una amiga sobre arriesgarse en lo que a la búsqueda del amor se refiere. Yo le aconsejaba que cuando conociera un señor interesante, le diera un resto y esperara a ver que pasaba, que no le cierre la puerta de cuajo, porque el que no arriesga no gana, le dije cual si le estuviera revelando la receta del elixir de la vida eterna.
Ante lo cual ella, para refutar mi sabio consejo, me relato la historia de una pobre señorita, que era amiga, de una amiga, de una socia de ella.
Esta misma historia yo ya la había escuchado de boca de una amiga, que la escuchó de boca de una amiga de la prima de la ingenua mujercita que protagonizó esta desdichada historia.
Obviamente, cuando de leyendas urbanas se trata, ambas historias tienen sus variantes. Pero paso a contárselas:
Una noche (según mi amiga 1 en Buenos Aires, según mi amiga 2 en Córdoba) una señorita asistió a un boliche bailable y conoció un joven muy simpático, con el cual primero conversó y luego intimó (según mi amiga 1 copularon, según mi amiga 2 solo se besaron apasionadamente). Al día siguiente nuestra protagonista de la historia empezó a sentir una fuerte comezón (según mi amiga 1 en todo el cuerpo, según mi amiga 2 en la boca) así que concurrió a la guardia de un Hospital. Luego de la correspondiente revisación médica, el doctor que la atendió llamó a un policía, y le pidió a la señorita, los datos del señor con el que había estado la noche anterior, porque le había contagiado un hongo que lo tienen aquellos que practican relaciones sexuales con cadáveres. Y el desenlace de esta historia llega de la mano del correspondiente allanamiento a la morada del joven, encontrando en la misma, dos cadáveres. ¿Nadie sentía el olor de los fiambres?
La primera vez que la escuché la tomé a modo de broma, pero me alegraba de mi buena estrella y de ser una mujer precavida que nunca copuló de buenas a primeras con un desconocido para no poner en riesgo mi apreciado cogotito. Una nunca sabe con que clase de loco se puede cruzar y yo valoro mucho mi vida como para terminar en una bolsa de consorcio en un baldío, o raptada por la mafia de la trata de blancas. A pesar de eso, esta historia era de no creer para mí.
Pero hoy a la tarde la volví a escuchar y luego de pensar que Córdoba es un pañuelo y que a pesar de los no sé cuantos millones de cordobeses que hay, todos somos primos.
Luego descarté la idea del incesto cordobés globalizado, y llegué a la conclusión de que esta es una leyenda urbana que echo a correr algún ser en desacuerdo con la fornicación circunstancial con rotundos desconocidos, porque las mujeres partidarias de estas practicas, pero con un dejo mínimo de conciencia y con deseos de continuar con su vida, lo van a pensar dos veces antes de encamarse con un perfecto extraño. Así que muchachos por las dudas, cuando salgan de juerga, dentro de su speach de levante, deslicen así como quien no quiere la cosa, que a ustedes la necrofilia no les va.