La paja en el ojo ajeno

Si vivís en Argentina y tenés tele, además de la guerra entre Magneto y Vila por la fusión entre Cablevisión y Multicanal, es imposible que te mantengas al margen de todo lo que se habla de la Nannis , su prole y otrora sequito. Y más allá de horrorizarme -como toda señora de bien que ahora soy- con el asunto de la vuelta al menemismo, no puedo dejar de pensar en que la señora de Caniggia, no solo debe ser una leona en celo en la cama, además debe manejar al dedillo la estrategia femenina por excelencia de que no importa lo que hagamos, SIEMPRE la culpa va a ser de los hombres. Si no, no se explica que el Pájaro se la banque.

Por eso es que no me sorprendí cuando leí que la Dra Farnaz Kaighobadi de la Universidad de Columbia, Nueva York, hizo una investigación – uno más de los tantos estudios al pedo que me gusta compartir con ustedes – donde se supo que más del 50% de las mujeres encuestadas fingen en la cama. Peeeero –siempre hay un pero si de acciones femeninas hablamos- el motivo por el que lo hacen es para que sus mariditos no las gorreen.

Ósea que además de mantenernos atractivas y controlarlos, les hacemos creer que son el mejor de los amantes. Creo que ya les dije hasta el cansancio que –para mi- uno no ama sino admira, bah por lo menos yo no podría amar a un hombre que no admiro, sin embargo hay muchas parejas que se forman y se sostienen por conveniencia, por deseo de poder o de status. Pero como yo no soy del grupo de los caretas que apedrearon a María Magdalena, no juzgo a nadie porque cada uno hace de su traste un colectivo y lo frena en la parada que lo deja más cerca de sus aspiraciones.

Fuente:

 

http://www.conexionbrando.com/1430627-por-que-es-bueno-que-tu-pareja-finja-en-la-cama


Torta Borracha

INGREDIENTES:

–          Vainillas 24

–          Crema 500 cc.

–          Azúcar cantidad necesaria

–          Chocolate cobertura 150 gs.

–          Dulce de leche 1 cda.

–          Manteca 25 gs.

–          Moscato cantidad necesaria (se puede reemplazar por algún licor, ron, whisky, etc.)

 

PREPARACIÓN:
Para comenzar con la preparación de este postre es necesario sacarme la máscara de entrada y confesarles que no soy muy amiga de la cocina por eso las recetas que les traigo son muy simples. Pero como tengo una cuña con el vecino del primo del editor suplente de la revista, me dieron esta sección. Más que nada porque me había puesto pesada como collar de sandías y les convenía tenerme contenta. Porque como ya se sabe, detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, imaginensé si la susodicha está contenta y entretenida: ¡No Jode! Negocio redondo y todos descorchando champagne.

Hechas las aclaraciones pertinentes del caso, cual Maru Botana y su prole numerosa cocinando en su casa del country, empezamos  con nuestra receta.

Derretimos el chocolate cobertura a baño maría junto con la manteca y el dulce de leche. Mientras que por otro lado batimos la crema con el azúcar a punto chantilly. Luego mojamos las vainillas con el moscato y procedemos al armado.
¡Ojo! Que no se les vaya la mano con la cantidad de vino para mojar las vainillas. No vaya a ser que les pase lo que le ocurrió a mi abuelita Desesperación, viuda de Sarmiento. Siempre fui la regalona de mi nona, así que cuando llegó mi onomástico número ocho ella, además de regalarme una muñeca tamaño gigante; de esas que las madres no te dejan tocar pero que no saben donde guardar, me hizo la torta de cumpleaños con sus curtidas manos de abuela que en su vida agarró una escoba. El acontecimiento discurrió sin sobresaltos, los niños nos atiborramos de chizitos y puflitos, le pusimos la cola al burro, jugamos al gallito ciego, y nadie perdió un ojo cuando rompimos la piñata con el palo con un clavo en la punta.

Todo venía saliendo a pedir de boca, hasta que llegó el momento de cortar la torta. De pinta y aroma estaba barbará, el tema era cuando la probabas, apestaba a alcohol etílico. Pero lo peor fue que la vieja le echó tanto licor que terminó emborrachando a todos los niños que asistieron a mi cumpleaños. Ella se atajó diciendo que no tenía tanto vino y que además no nos hacía mal comer una porción de torta con vino dulce y que como mucho íbamos a dormir más temprano y más, cosa que los padres iban a agradecer. Vieja terca y negadora.

Es que abuelita había adquirido el hábito del buen tomar, cuando su hermano menor, Gregorio se hizo cura, y ella empezó a ir a la capilla a matear con él y a ayudarlo a preparar los enseres de la Eucaristía. Y cuando el curita se descuidaba se tomaba un buen vaso de vino de misa. “Uno de los mejores m´hija. Por eso le digo que no es pecado mortal que los niños coman torta embebida en Mistela” Me decía la sabía de mi abuela.

Pero el suceso de mi cumpleaños no quedó ahí, el asunto casi termina en tragedia ya que mi otro tío, Don Eulogio Sarmiento, cuñado de la repostera, que no era muy afecto a las reuniones sociales, se encerró en la cocina a tomarse unos mates con grapa hasta que se fuera el “chiquerio”, y terminó casi con un coma alcohólico que no pasó a mayores porque mi abuela le hizo un te de carqueja que le lavó el estomago de la manera más ruin y hedionda que mi mente de niña avergonzada frente a toda la clase puede recordar.

Y miren si me habrá traumado  lo que pasó, que además de no volver a festejar nunca más un cumpleaños,  le hacía creer a mi vieja que era tranquila y me dormía unas regias siestas cuando niña de puro tranquila nomás, pero en realidad es que mientras la ayudaba  a lavar los trastos de la cocina, esperaba que se descuidara y me mandaba un vasito de la damajuana de Moscato que tenía al lado de la heladera. Que mujer santa mi madre, que en su ingenuidad se creía que la ayudaba a secar los platos porque disfrutaba de su presencia.

Bueno, ya me fui por las ramas, así que volvamos a lo que nos convoca: una vez que tengan las vainillas bien embebidas y la mezcla lista, busquensé una fuente de vidrio, con un alto aproximado de 15 cm. y pongan una capa de vainillas mojadas, la crema chantilly, el chocolate, otra vez una capa de vainillas, la crema, el chocolate y así sucesivamente hasta terminar con los ingredientes. Cuando le postre este armado, llevenló a la heladera por una hora.

Les doy un último consejito antes de terminar: usen un buen vino para mojar las vainillas. No vaya a ser que les pase como a mi suegra, que una vez casi se manda la gran Yiya Murano con unos bombones de licor casero que trajo para el cumpleaños de mi marido. Creo que esa fue la última vez que la vieja cocinó algo para su hijito y mi marido dejó de comparar mis milanesas de soja al horno, con las de ternera  fritas de su mamita.


No es para calientes

No sé si a ustedes les pasa, pero cuando se pone un poco más fresco me cuesta un potosí levantarme temprano. Pero esa mañana me esperaba una batalla épica, tenía que socorrer moralmente a una amiga que tiene un problema terrible cada vez que el marido, un boludón de 37 años, se va a jugar a la play con los ex compañeros del secundario y llega a las 7 de la mañana con una borrachera que haría sonrojar al mismísimo Baco. Así que hice mi mayor esfuerzo, medio dormida, despeinada y casi sin maquillar partí en dirección al bar donde íbamos a desayunar juntas.

Todavía no está haciendo mucho frio, pero se ve que las mujeres estamos desesperadas porque se nos escarchen los deditos de los pies por las noches. ¿Será que muchas estamos deseosas de ocultar kilitos demás, ganados a puro helado y cerveza, con tapados y sacones de lana? No puede ser que apenas sopla una brisa fresca, pelamos el tapadito y nos calzamos las botas caña alta. Como la chica que justo entró al bar: chupines hiperajustados, de esos que parecen de body painting con unas regias botas grises, eso sí cuando empiecen a apretar los 20 grados del mediodía, esos pies elevan una plegaria al cielo, rogando por las sandalias prometidas.

Y ahí me avivé que seducida por morfeo, casi ni me di cuenta que me puse, y en mi apuro por llegar a horario ni me mire al espejo antes de salir. Pero soy mujer, y como tantas de ustedes, al chip de la moda lo tengo incorporado de fábrica. Salí de casa calzando un pantalón negro, con una camisa entallada de denin superpuesta a una musculosa blanca, creando unos de los outfit básico de las últimas temporadas. Que será muy lindo y cómodo pero no protege lo suficiente del fresco matinal y en cualquier momento me descuelgo con el tercer resfrío de este otoño/invierno. Es que en mi subconsciente me niego a salir con pesados tapados y después tener que acarrearlos a lo largo del día.

Cuando será el día que aprenda que no estoy en Córdoba, que el transporte público de pasajeros anda bien y que el transito no está colapsado en el micro centro. A mis citas llego siempre quince o veinte minutos antes. Y los sanjuaninos son tan impuntuales…siempre llegan media hora más tarde. Un socavo escandaloso para mi bolsillo ya que en esas circunstancias es inevitable que desayune o meriende dos veces, pero el problema más grave no es lo que gasto en alimentos, es que voy a tener que comprarme un guardarropa completo nuevo. No va a haber jean que me entre si yo le sigo entrando a la semita. Ni un jogging voy a caber.

Hablando de la expansión de mi traste, ¿Cuáles prendas de todas las que hay en mi armario – y qué todavía me entran- se vuelven a usar este año y están en condiciones de ser recicladas?

A ver… la camisa de denin que tengo puesta, los sacos y tapados largos, los chupin negro, los oxford de jean, todos los estampados de las remeras que tengo, superpuestos, obvio…En fin, estoy bastante bien.

De repente un enorme estampado de leopardo se me incrusta en la retina adormilada y me saca de mis cavilaciones matutinas, de ese momento mágico en el que me sumerjo cada mañana y analizo mi relación con el mundo. Estoy dormida, pero de algo estoy segura, es demasiado esa camisa de gasa en leopardo para un martes a las nueve de la mañana. No podés ir a hacerte un análisis clínico o un trámite al banco vestida así. Sé que cada vez se usa más, pero si te vas a poner animal print de día que sea en un accesorio, como ballerinas o un regio chal. Me pasa lo mismo con los sacos con estampado étnico y flecos, esos que vienen en estilo indio cherokee. Esa clase de abrigo es para el día. No podés ir a cenar a un coqueto restó con ese tapado, ahí si podés lucir tus curvas en un camisa animal print o encaje como la que trae puesta la señora.

Decí que justo en ese momento entró mi amiga al bar, que si no, me paraba y le cantaba las cuarenta a esa dama desubicada. La flaca es una reina, está siempre impecable, se puso una remera blanca, jeans oxford, botas negras y una camisa leñadora en tonos rojos a modo de abrigo. Le falta un sombrero vaquero y es una cowgirl del oeste de Arizona. Muy “Tio Sam” todo lo que se está usando, ¿no?

Mi segundo desayuno del día discurre sin sobresaltos. Hablamos sobre la última que se mandó el marido, la contuve con el típico consuelo de tontos: “Todos los hombres son iguales”. Pero no hay caso, no pudimos dejar de mirar a la señora osada en transparencias zoológicas. Contesta el celular. Saca un espejito de la cartera y se acomoda el flequillo. Se pone perfume. Y vuelve a repasar el carmín de sus labios que perdió en la taza de café.  “Es claro, está esperando un tipo, que seguro es casado” dijo mi amiga sin conexión aparente con lo que estábamos hablando, pero sabiendo que a las dos nos llamaba poderosamente la atención la situación para nada discreta que rodeaba a la dama que estaba sentada en el último rincón del bar. “Si, no podes vestirte así a esta hora del día si no es que necesitas verte sexy. Pero para mí es desubicado” le dije a mi amiga con rictus de gurú de la moda.

Y ahí nos quedamos las dos haciendo lo que mejor nos sale: criticar a otras mujeres y quejarnos de los hombres. Hasta que de repente entro él. Traje, anteojos negros que jamás se sacó, rictus de seriedad en las comisuras de la boca, y la innegable fisonomía del marido de mi amiga.

La cara de la flaca se transfiguró, se le llenaron los ojos de lágrimas de odio y lo único que logro decirme antes de levantarse a hacer el escándalo de fin de temporada de su vida, fue: “Por lo menos me hubiera gorreado con una mejor que yo”


Si no sabe, aprendaló

Toda mujer que quiera algo de estilo, si o si, tiene que tener en su guardarropas las 10 prendas básicas de las que habla cualquier guru de la moda, a saber:

–          Camisa blanca

–          Vestido negro corto

–          Remera negra escote en V

–          Pantalón de jean recto

–          Pantalón de vestir en color netro

–          Pollera recta en color neutro

–          Casaca  o blazer  en color neutro

–          Saco de lana en color neutro

–          Sacón largo hasta la rodilla en color neutro

–          Vestido de día

Una vez que tengas esto, el resto es adorno. Combinás accesorios o prendas de moda dandole el estilo que más encaje con tu personalidad y voilá, tenés un regio outfit.

El ejemplo es una simple camisa blanca y unos jeans. Depende los zapatos, el maquillaje y los accesorios, este conjunto puede resultar para ir al super, para ir a una reunión de trabajo o para salir de juerga. Veamos las opciones:

1- Camisa  blanca y jean, ballerinas, maquillaje nude y pelo recogido. Nada más simple y sencillo como eso.

2- A lo mismo, camisa blanca y jean, agregale un blazer de noche, unos zapatos altos con mucha onda, soltate el pelo y maquillate para la noche. Ya estás lista para salir a rockearla.

3- A la camisa blanca y al jean le agregás un blazer en color neutro, unos zapatos con taco comodos y clásicos, una chalina o un colgante para darle un toque de color y lo combinás con un maquillaje nude y estás perfecta para ir a una reunión o entrevista de trabajo.

Con el vestido negro corto sucede, exactamente lo mismo, depende como lo combinés es el loock que vas a conseguir.

El resto de la lista son prendas que no pasan de moda y que favorecen la figura de todas las mujeres y que son perfectas para combinarlas con prendas o accesorios divertidos de la ultima tendencia.

Así que ya saben, empecemos por lo básico. Si todavía no nos animamos con la ropa, seamos osadas con los accesorios que son los que te van a ayudar a encontrar el estilo que querés tener.

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A ver que onda…

Buenas mis queridas chicas. Acá me ven a mi, ochentosa niña regordeta, adolescente hippie en plena era de la pizza con champagne y ahora proyecto de estilista.

Es que la vida y sus interminables vueltas te llevan para el lugar menos pensando. Todo comenzó un poco por amor (propio y ajeno) y otro poco por trabajo. Así que de tanto estar atenta a la moda me termine contagiando y queriendo saber más y más.

Es por eso que las invito a recorrer conmigo este camino por el mundo de la moda y el estilo. En esta página se van a encontrar, no solo con lo ultimo en tendencias y consejos de moda, además voy a compartir con ustedes distintos estilos de celebrities y un poco de street style, pero del accesible, de ese que nos podemos poner vos y yo para ir al chino de la vuelta, o a laburar después de tomarte 2 bondis, porque de que te sirven los lookboock de las grandes marcas, si sabes que no hay ningún lugar al que cualquier hija de vecino pueda ir vestida así o que eso solo le va a quedar bien a una flaca desgarbada de un metro ochenta y cinco.

Espero que se diviertan y que aporten a este cuaderno de notas ya que cualquier sugerencia sera bien recibida.

Enjoy!